Como enfrentarse al estrés laboral



ENRIQUE GALLUD JARDIEL

Siempre has sido un trabajador responsable y eficaz, pero ahora notas en ti algunos cambios sutiles: ves las cosas de manera negativa, te frustra que tu trabajo no progrese satisfactoriamente, piensas demasiado en él, te cuesta conciliar el sueño, crees que no estás bien integrado en el equipo... Todo esto es muy común y puede ser que padezcas el denominado “estrés laboral”.

En qué consiste. Se ha diagnosticado como una enfermedad real y que aqueja a todos los trabajadores. La diferencia estriba en el grado, pues algunos lo llevan mejor y casi no les afecta. Pero hay un sector que lo sufre intensamente. El estrés puede ser relativamente bueno y ayudarnos a mejorar y a rendir más, pero puede llevarnos también a enfermar. Hay profesiones que lo producen más que otras: las de riesgo claro (policías, bomberos), las que generan tensión necesaria (médicos, enfermeros), las de trato con el público (vendedores, dependientes, administrativos) y las de carácter excesivamente repetitivo (obreros, manufactores).

Causas y síntomas. Aparte de la naturaleza del trabajo hay otras razones determinantes para que aumente el estrés laboral. Entre ellas se cuentan las malas relaciones con los jefes o los compañeros, el temor a perder el puesto, la carga excesiva de trabajo, las malas condiciones en las instalaciones o el alto nivel de los riesgos laborales. El mayor o menor influjo de cada uno de estos aspectos depende del individuo. Los síntomas más comunes son apatía, pesimismo, falta de entusiasmo, aburrimiento, ansiedad, frustración, fatiga excesiva, depresión, alienación, irritabilidad y problemas físicos, principalmente dolores de cabeza y de estómago. Si sufrimos alguno de estos síntomas hemos de preguntarnos si la causa no será nuestro trabajo.

Posibles remedios. No existen soluciones radicales, peso sí actitudes que nos ayudan a superar estos bajones anímicos.
1.- Ver las cosas en perspectiva. Los empleos pueden ser una consideración secundaria, pero nuestra familia y nuestra salud son primordiales. Si nuestro trabajo nos enferma, debemos buscar otro.
2.- Intentar adaptar el trabajo. Si nos gusta la empresa, podemos pedir una labor diferente, más adaptada a nuestras capacidades, aunque eso implique condiciones laborales diferentes.
3.- Conseguir un respiro. Aprovechar nuestras vacaciones pendientes, si las tenemos. Variar el ritmo de trabajo. Renunciar a nuestra metas privadas en lo laboral, aunque se reduzca nuestra eficacia. Hacer ejercicio.
4.- Priorizar nuestra actividad. Quizá dediquemos tiempo a cosas no imprescindibles. Hagamos únicamente lo que se nos exige.
5.- Hablarlo con expertos. Podemos conseguir buenos consejos. O simplemente desahogarnos con amigos o familiares. Nos contarán casos parecidos que nos harán ver nuestros problemas en perspectiva.
6.- Hacer amigos. Conseguir aliados en el trabajo que nos puedan echar una mano en un momento de agobio y que hagan que no nos sintamos solos. Establezcamos pactos de ayuda mutua con ellos.
7.- Busquemos el lado irónico de las cosas. Empleemos el humor para defendernos de los aspectos desagradables del trabajo. Hablemos de ello en voz alta o confiemos a un diario nuestros sufrimientos cotidianos de manera satírica.
8.- Mantengamos expectativas realistas. No nos empeñemos en realizar tanta cantidad de trabajo o en conseguir un ascenso o un aumento en un plazo determinado. Estas metas temporales aumentan exponencialmente nuestro estrés.
9.- Seamos buenos con nosotros mismos. Perdonémonos nuestros errores. El mundo no exige que seamos siempre perfectos. Busquemos una actitud positiva y aprendamos a alegrarnos de nuestros pequeños logros.