El cine popular de la India


Enrique Gallud Jardiel
Papeles de la India, Vol. VIII, núm. 3, Nueva Delhi, 1979
 
          Entre las clases intelectuales europeas, algunos cineastas son reverenciados como semidioses. La fama de la que gozaban las estrellas de Hollywood en la primera mitad del presente siglo se ha traspasado ahora a los directores. En los países occidentales nadie o casi nadie conoce, por poner un ejemplo claro, el nombre del gobernante de Polonia, pero el nombre de Roman Polanski es algo familiar para todo el mundo. Es la época del llamado “cine de autor”. El cine europeo es un cine personal, de poca producción, que refleja el sentir del alma de un artista, que a veces logra una ambientación admirable de lugares y épocas, pero pocas veces refleja por entero el sentir del alma de un pueblo. Este concepto predominante del cine personalizado y desnacionalizado en un sentido intrínseco nos lleva a un esnobismo que nos hace despreciar las industrias cinematográficas que, en vez de limitarse a abarcar “formas de hacer” artísticas concretas y determinadas de cada director, pretende crear un cine que refleje los sentimientos, formas de pensar, esquemas sociales, religiosos, políticos y, en general, toda la idiosincrasia de un pueblo, un cine no de minorías, sino totalmente identificado con el público en el que todo el mundo y no sólo unos elegidos puedan entender y vibrar al unísono con la película que contemplan. Esto pretende ser el cine indio, concretamente el cine indio de las dos industrias más importantes del país, Bombay y Madrás. Esta característica le ha acarreado el desprecio de las clases intelectuales y esnobs –mitad y mitad–que, lamentablemente, tienen unos conceptos de lo que es calidad y lo que no lo es bastante impersonales y muy influidos por críticos no siempre justos pero siempre despectivos. En estas páginas se intenta hacer una reivindicación y un análisis del llamado “cine comercial indio”; se pretende hacer un recuento de sus defectos y de sus virtudes, su utilidad o su inutilidad.
          La producción más importante en la India es la del llamado “cine comercial”. Este término, que suele usarse de una forma enteramente peyorativa, tendría que tener un significado completamente opuesto al que tiene, puesto que en contra de lo que suele creerse, aquello que no tiene calidad no gusta a la gente y no es, por lo tanto, comercial. Pueden darse, por supuesto, algunas excepciones, pero las películas de gran calidad se convierten en clásicos y nunca dejan de ser proyectadas. En la India se producen anualmente más de 850 películas de largometraje. La producción más vasta pertenece a la industria de Bombay, seguida por la Madrás. Los promedios aproximados de la cantidad de films producidos en las diferentes lenguas regionales son los siguientes: Hindustani 25%, Telegu 21%, Malayalam 15%/, Tamil 14%, Kannada 8%, Bengali 8%, Marathi 3%, Gujerati 2.5%, Panjabi 2%, Asamés 1.5%. Así las películas en hindi producidas anualmente en Bombay superan sobradamente el centenar.
         Las películas indias pretenden utilizar un despliegue de recursos para que éstas se conviertan en un espectáculo completo. En su forma externa, las dos características principales que diferencian al cine indio del europeo son la música y la duración. La duración de una película de Bombay es, aproximadamente el doble de un film europeo o americano. Para que todo pueda ser mostrado sin prisas y hasta en sus más mínimos detalles, esta duración es imprescindible. La música ambienta y completa la trama argumental, proporciona unos momentos de reposo en mitad del conflicto, promociona y populariza la película y la convierte en un espectáculo más acabado y perfecto.
         En la India predomina un concepto barroco de la belleza. En todas las artes y artesanías, la ornamentación es un elemento que nunca es olvidado. El cine pretende también ornamentar, adornar, completar y rellenar sus obras con todos los elementos a su alcance. La trama argumental está apoyada con asuntos ad latere que evitan la posible monotonía pero que están relacionados íntimamente con ésta. Así, encontramos en los minutos finales del film la resolución de todos los conflictos uno tras otro con la reunión de varios clímax sucesivos. El color, la música de fondo y los efectos especiales se utilizan con gran frecuencia para remarcar los efectos o producir impresiones en el espectador.
         Lo que se encuentra siempre permanente en estos films es una gran sensibilidad emotiva. Tras la acción externa del argumento se nos muestra el estado de ánimo de los personajes, sus conflictos emocionales, sus penas, sus alegrías, sus problemas; sea una película histórica india, una comedia o un film de espionaje, encontramos siempre detrás a los hombres con sus almas tristes o alegres. Suele darse gran énfasis a los problemas de conciencia que cambian o fuerzan los actos del hombre. Es un cine en el que se distinguen muy marcadamente los conceptos de lo bueno y lo malo, lo puro y lo impuro. En él vemos reflejados los valores a los que se atiene el pueblo indio y que forman la base de su civilización y su cultura. Es un cine en el que predominan los elementos religiosos que se ofrecen como símbolos que llegan al corazón de los espectadores. Se identifica totalmente con el alma de éstos y logra que el público se sienta inmerso en la acción, se identifique con los personajes, llore con sus penas, se asuste con sus temores y se regocije con sus alegrías. Si se pretende que el cine se muestre de una forma real, esto se logra en el cine indio, pues ¿no es más real lo que hace al espectador penetrar, por así decirlo, en el film, que lo que le mantiene apartado de éste y le hace verlo como algo lejano y pasajero que puede juzgarse con el entendimiento, pero que no puede gozarse con los sentidos?
         El cine de Bombay tiene sus defectos y sus virtudes independientemente de las diferencias de calidad lógicas e inevitables. El defecto primordial consiste en una evidente falta de cuidado producida por la limitación de los días de rodaje. Las películas se ruedan en un tiempo tan limitado que, a veces, no pueden evitarse los olvidos y algún fallo técnico. La desproporción de actores con las películas en rodaje y el pluriempleo de éstos (algunos llegan a asistir a más de dos rodajes diferentes en el mismo día) crea dificultades a la horade la identificación de los actores con el personaje. En estos films –y esto sí que debería corregirse– encontramos otro defecto que consiste en una diferencia muy grande de calidad interpretativa por parte de los actores: junto a actores de gran talla se encuentran otros de pésima calidad. Por otra parte la técnica usada en estas películas es tan buena como pueda serlo en cualquier otro país, sobre todo en lo referente a la música y al doblaje de las canciones en play back y el encaje de la música con los movimientos de los actores y los planos de rodaje, habilidad sólo superada por Walt Disney en Fantasía. Los films tienen gran belleza plástica y la estética se encuentra siempre presente en ellos. Se tiene un manejo insuperable de los animales, de los dobles y de los efectos externos.
          Las películas indias gustan, indudablemente, al público del país y son asimismo exportadas a diferentes lugares del globo, no solamente a donde existen colonias indias, sino a lugares en donde los naturales se sienten identificados con las emociones que estas películas reflejan. Concretamente, las películas indias se proyectan en Afganistán, las islas Fiji, Trinidad y Tobago, Guayana, los Emiratos Árabes, EE.UU., Gran Bretaña, Tailandia, Mauricio, Alto Volta, Ghana, Líbano, Jordania, Iraq, Egipto, Sudán, Perú, Ecuador, Colombia, Singapur, Malasia, Hong Kong, Indonesia, Vietnam, Kenya, Yemen y Shri Lanka, entre otros países. En todos estos lugares las películas indias encuentran un público que las aprecia y, aunque no sean llevadas a los festivales internacionales como lo más representativo del país (lo que indudablemente son), adquieren renombre y aceptación en estos lugares.