El «ethos» hindú

Enrique Gallud Jardiel 

Cuando consideramos que en la India ha perdurado el hinduismo —es una de las religiones más antiguas del mundo que ha llegado hasta nuestros días— pese a haberse tenido que enfrentar históricamente a varios intentos de islamización, y cuando pensamos en la diversidad racial, lingüística y cultural de la gente que lo profesa, nos encontramos con una incógnita.

         Porque la India no ha estado siempre políticamente unida. Es un territorio inmenso, siempre poblado por diferentes etnias y gobernado de forma diversa. ¿Qué es lo que aúna a su población? Evidentemente el hinduismo, que no es sólo un religión propiamente dicha, sino una filosofía y una forma de vida. Son las constantes de la cultura hindú las que han mantenido a sus habitantes con esa consciencia de ser ellos.

         Pero los elementos que integran ese ethos hindú que les conglomera no se hallan escritos en ningún lugar ni han sido enunciados por ningún legislador. El hinduismo, a diferencia de otras grandes religiones del mundo, no ha elaborado un credo sintético al que sus adeptos se puedan referir de forma concreta. Las normas que respetan los hindúes se conocen de manera general y se hallan dispersas en las innumerables obras de contenido filosófico. No existe un único libro de referencia. Sin embargo, estas creencias están extensamente compartidas y son las que dotan a la India de su homogeneidad.

         Las nociones que comparten los hindúes sobre el universo y su funcionamiento son las siguientes:

         Los Veda son escrituras sagradas, las más antiguas del mundo. Estos himnos son la palabra divina y la base del hinduismo.

         Existe un Ser Supremo inmanente y trascendente, que es a la vez creador y creación y que es todo lo que existe.

         El universo está sujeto a ciclos infinitos de creación, preservación y disolución.

         Todo en el universo está sujeto al karma, a la ley de causa y efecto mediante la cual cada ser individual crea su propio destino a través de su pensamiento, sus palabras y sus acciones.

         Las almas encarnan en diferentes nacimientos hasta que todos los seres han cumplido su karma y han conseguido el conocimiento espiritual y la liberación del ciclo de existencias.

         Los seres divinos existen en mundos que no conocemos y podemos entrar en contacto con ellos mediante la adoración en los templos, los rituales, los sacramentos y la devoción personal.

         Para la evolución espiritual son esenciales las directrices de un maestro, así como la disciplina personal, la buena conducta, la purificación, los ritos y la meditación.

         Toda la vida en todas sus formas es sagrada y ha de ser respetada y reverenciada.

         Ninguna religión es la única verdadera. Todas sirven para mostrar el camino y todas merecen respeto y reverencia.