La salud de tu lavadora



ENRIQUE GALLUD JARDIEL

Hay que cuidar a los que trabajan para ti
Un uso adecuado aumenta su duración y ahorra energía
Se dice que una lavadora tiene una vida media de diez años. También
se dice que todo electrodoméstico está pensado para que dure sólo uno o dos meses más del tiempo que cubre su seguro. El caso es que siendo prevenidos podemos alargarle la vida. En el caso de la lavadora, éstas son las reglas básicas para su correcto mantenimiento:

Buena colocación. La máquina tiene que hallarse totalmente nivelada en el suelo. De no ser así, producirá vibraciones y las averías serán más frecuentes.

Desconexión. Si no la vas a emplear durante un tiempo (vacaciones, etc.) desenchúfala, para protegerla de los picos de tensión, y cierra la llave del agua. Evitarás su deterioro.

Respeta la carga. Si la llenas demasiado, forzarás el motor. Además de un mal lavado, sólo conseguirás gastar más agua y electricidad.

No abuses de ella. Siempre que puedas, emplea ciclos cortos de lavado y programas económicos. Ajusta el programa al tipo de ropa. No fuerces la puerta ni adelantes el programador mientras esté en funcionamiento.

Dosifica el detergente. No por poner mucho lavará mejor. Pero en exceso, la espuma del detergente daña el motor. Los detergentes líquidos perjudican menos. Si usas detergente en polvo, mézclalo con agua antes de usarlo.

Descalcifícala. La cal provoca frecuentes averías. Hay productos para eliminarla. Pero una práctica muy útil es hacer de cuando en cuando un  lavado sin ropa, con agua caliente y dos vasos de vinagre. En los lavados normales, no uses agua caliente si la ropa no está muy sucia: evitarás los depósitos de cal.

Cubeta. Retira con agua y un cepillo los restos de jabón que se acumulen en la cubeta.

Filtros. La lavadora tiene un filtro en la manguera de la toma de agua, bajo la llave de paso. Hay que limpiarlo de vez en cuando y quitar los restos acumulados. Consulta las instrucciones para ver cómo hacerlo.

Puerta. La goma del ojo de buey de la puerta suele estropearse con mucha facilidad. Pásale un trapo después de cada lavado y deja la puerta abierta para que se seque bien.

Limpieza exterior. Si se vuelve amarillenta con el paso del tiempo, frótala con un trapo mojado en agua caliente con bicarbonato o amoniaco.