Una aproximación al «Mahâbhârata»

Enrique Gallud Jardiel 
Samhita Arni, El Mahabharata contado por una niña, Siruela, Madrid, 2004

         Las epopeyas son las obras literarias que cuentan las hazañas de los hombres, las aventuras de los héroes, las peripecias de los dioses. Todo en ellas es posible: lo sobrenatural, lo mágico, lo terrible, las más grandes traiciones y los supremos actos de valor. El Mahabhárata es la epopeya más larga que nunca se haya escrito. Consta nada menos que de ciento veinte mil estrofas, por lo que es ocho veces mayor que la Ilíada y la Odisea juntas. Hay en ella cientos de historias, miles de personajes y toda la imaginación surgida en un país de maravillas: la India.
         Dice la leyenda que en la más remota antigüedad, un rey mítico, de nombre Bharata, gobernó sabiamente ese país durante mil años e instauró las bases de su civilización. A sus descendientes se les llamó los «bhárata». El Mahabhárata es, pues «La epopeya de los grandes indios». Es una de las obras más importantes de la literatura universal y en ella se incluyen muchas narraciones que hemos conocido luego a través de adaptaciones de escritores modernos.
         Se dice que su autor fue Vyasa, el recopilador de los Veda, los cuatro grandes libros de sabiduría de la India. Pero esto no es exacto. Ningún hombre solo podría haber escrito un libro tan inmenso. Éste es el fruto de una labor de diversos autores anónimos que trabajaron durante siglos, reuniendo cuentos y mitos de tradición oral en el marco de la historia principal. Según la tradición, el mismo Ganesha, el simpático dios de cabeza de elefante, que simboliza la inteligencia, fue quien la copió, mientras los autores se la dictaban. En este proceso ocurrió una cosa curiosa: existía la condición de que debía transcribir todo el libro sin detenerse ni un instante. Pero cuando iba por la mitad, se le rompió la pluma y, entonces, el dios Ganesha, para no interrumpir el flujo de palabras dictadas, se arrancó un colmillo de su cabeza de elefante y siguió escribiendo con él.
         No se sabe con certeza en qué siglo se redactó, pues en la India se escribía entonces sobre cortezas de árbol y no se han conservado originales. Se calcula que fue entre los siglos VI a. C. y II d. C. Sin embargo, hay pasajes de la obra que son muchísimo más antiguos. En ellos se hacen menciones de eclipses solares y lunares y otros fenómenos astronómicos que tuvieron lugar en el siglo VIII a. de C., que se recordaban y que se transmitieron oralmente.
         El poema épico del Mahabhárata tiene una historia principal y muchas pequeñas narraciones complementarias. Su argumento trata de las batallas entre dos ramas de la misma familia por la posesión de un reino en la India del norte, el reino de Hastinapura, «la ciudad de los elefantes», cercano a donde se encuentra en la actualidad la ciudad de Nueva Delhi, la capital de la India moderna.
         Los combatientes que participaron en la gran guerra fueron los cien príncipes Káuravas  y los cinco Pándavas. Los malvados Káuravas no tenían derecho al trono, pero sentían ansias de poder y utilizaron todo tipo de tretas, argucias y traiciones para despojar a los Pándavas de su derecho a reinar. Éstos sufrieron durante mucho tiempo las maldades de sus primos e hicieron todo tipo de esfuerzos y sacrificios para evitar el enfrentamiento, pero todo fue inútil. Sus primos les hostigaron una y otra vez hasta que finalmente se vieron obligados a combatir para poder así recuperar lo que era suyo por derecho propio. Tuvo lugar entonces la gran batalla de Kuruskhetra, donde se enfrentaron miles de guerreros sobre carros y sobre elefantes y que fue recordada durante siglos antes de que se escribiera su historia. Tantos hombres y animales encontraron la muerte en aquel feroz combate que se dice que, en el lugar donde se combatió, la tierra todavía hoy está roja por la sangre de los guerreros caídos en la lucha. 
         Pero antes y después de esta batalla, el Mahabhárata nos cuenta otros muchos sucesos interesantes. De hecho, relata la historia de los antepasados de los personajes principales, desde su origen semidivino y a lo largo de varias generaciones.
         Los héroes del poema son los cinco príncipes Pándavas: Yudhishthira, el mayor, sabio y justo, aunque un poquito serio; Bhima, fuerte, simpático y bastante glotón; los dos pequeños gemelos, Nákula y Sahadeva, siempre juntos y siempre actuando al unísono. Pero el verdadero protagonista es el tercer hermano, Árjuna, hermoso, valiente, hábil con el arco y capaz de todas las heroicidades. Él es el prototipo del guerrero, el hombre de acción que se enfrenta a las fuerzas del mal de forma inteligente y consciente. Es un personaje ejemplar que ha inspirado a muchos durante siglos.
         Y a su lado hallamos a otro personaje excepcional: Krishna, una encarnación de Vishnu, el dios bueno que de tiempo en tiempo baja a la tierra en forma de hombre para proteger la virtud y castigar a los malvados. Según las más antiguas tradiciones de la India, Vishnu ya había encarnado antes muchas veces, para ayudar a la humanidad. Encarnó como pez, para salvar al primer hombre del diluvio; luego tomó forma de jabalí para rescatar a la tierra del poder de un demonio que la había secuestrado. En sucesivos momentos se encarnó en tortuga, en hombre-león, en enano y otras múltiples formas para salvar a la humanidad de una catástrofe o vencer a algún ser demoníaco.
         Esta vez Vishnu aparece como Krishna, un personaje atrayente, de fidelidad inquebrantable con sus amigos, que —pese a tener sangre real— no duda en ofrecerse a ser el auriga de su amigo Árjuna y guiar su carro en el combate. Y su misión es dar enseñanzas a Árjuna, pues cuando va a comenzar la batalla con la que culmina el relato, éste tiene muchas dudas sobre cuál es su deber como hombre y como guerrero. Krishna, entonces, detiene el tiempo, deja inmóviles a los contendientes y se muestra a su amigo en su forma divina. Ambos conversan y en ese diálogo Krishna le imparte a Árjuna unas normas religiosas que le ayudan a comprender lo que debe hacer. Esta parte de la epopeya recibe el nombre de Bhagavad Gita, «El canto del Supremo», y se ha convertido con el paso de los siglos en el devocionario de todos los hindúes, el resumen de sus creencias religiosas.
         La India es el país de los cuentos por excelencia y la mayoría de los que conocemos tienen su origen en él, pues han servido de base a la cuentística occidental, llegando a nosotros a través de los árabes. El pueblo indio, más que ningún otro, ha sabido servirse de la magia de la ficción para traspasar sus experiencias y su conocimiento del mundo de generación en generación. Por ello no es extraño que, junto con la historia principal que se nos ofrece, encontremos muchas otras. Es el sistema tradicional de narraciones de la India, el llamado de las «cajas chinas». Un cuento está inserto dentro de otro cuento que, a su vez, está dentro de otro, y así sucesivamente. Y en el Mahabhárata se incluyen relatos fantásticos, con intervención de genios y demonios, leyendas del mar, viajes y aventuras por tierra, historias de amor y de muchos otros temas.
         De esta manera se ha venido enseñando a los niños desde la antigüedad hasta nuestros días en aquel país: mediante historias ilustrativas, con ejemplos y moralejas, que enseñan y entretienen a un tiempo. Y todas estas leyendas de reyes y dioses, mitos, alegorías y fábulas simbolizan la realidad y, además, contienen la esencia de toda la sabiduría del país. Esta epopeya es como una enciclopedia de ética, conocimiento, política, religión y filosofía. Además, gracias a ella hemos podido saber muchas cosas sobre la vida y las costumbres de la India antigua.